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Como ir al Sudeste Asiatico y no arruinarse

El viaje al Sudeste Asiático puede salir baratísimo si sabemos cómo. Con países tan baratos como Camboya o Laos, y tan fáciles de moverse como Tailandia es un destino ideal para iniciarse en los viajes de mochilero, y quitando ciertas zonas masificadas de Tailandia raro es el que no vuelve maravillado del sitio

Para ir a la zona lo principal es empezar por el vuelo. Tanto las compañías europeas (Lufthansa, KLM, Air France, etc) como las del golfo (Ethihad, Emirates, Qatar, etc) suelen tener buenos precios, pero el mejor precio lo suelen tener compañías como China Airways o Aeroflot. Aunque hay diversidad de opiniones sobre Aeroflot, la compañía rusa es una compañía moderna y muy recomendable.

Una vez allí la oferte hotelera es enorme, barata y para todos los gustos. Hostels de habitaciones compartidas desde 3€, habitaciones privadas con baño desde 4-5€, a veces incluso con aire acondicionado, y hoteles de medio lujo que en Europa costarían 5 veces más desde 20€. Lo difícil no será encontrar un hotel al gusto, sino elegir entre todos los que hay, especialmente en ciudades como Bangkok.

Si acudimos allí sin hotel igualmente es raro que se consiga el 100% de ocupación, excepto en fechas y lugares determinados como la Full Moon Party en KohPhagan o festivales como el del agua en Bangkok.

Sobre el transporte, también es facilísimo y barato, aunque sí que es verdad que a veces reservar por Internet se hace imposible. Las vans y los autobuses son los reyes, y todo el que ha viajado a la zona se acostumbra a pasar horas en ellos ya que las carreteras no son como las de aquí. Aunque para ciertos trayectos el tren es lo mejor, sobre todo por su bajísimo precio y por los coches cama para trayectos nocturnos.

¿Y actividades? Con la proliferación del turismo para mochileros han proliferado actividades para jóvenes de todos los gustos. Trenes improvisados en vías abandonadas, tirolinas encima de la selva, raftings, buceo o cualquier clase de deporte acuático, cursos de cocina, muay thai, meditación o cualquier cosa que suene a tailandesa. Las posibilidades son inmensas.

Y por último, la comida. En esta zona del mundo, muchas familias ni tienen cocina, y comer en puestos en la calle es una religión. Los puestos tradicionales se especializan en un solo plato, y debido a ello son de calidad superior y con muy buena rotación de ingredientes, por lo que no hay que temer por la conservación de los alimentos.

Además es baratísimo. En Camboya por ejemplo he llegado a probar sopas de noodles por menos de lo que cuesta una cerveza, y en Tailandia o Vietnam los precios son más caros, pero hay platillos con una infinidad de sabores que mezclados son increíbles, aunque suenen tan asquerosos como caldo de marisco fermentado.

 
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